Filosofía de aprendizaje: mi experiencia
Piense en lo que hace en el aula. ¿Por qué hace lo que hace?
Esta es una pregunta que seguramente todo académico debe realizarse al menos una vez al día. En mi caso la respuesta es sumamente simple: la formación de profesionales. El mayor impacto que puede realizar un/a académico es formar profesionales de excelencia para el progreso personal de cada estudiante y, al mismo tiempo, el progreso de la sociedad. No solo convertimos estudiantes en profesionales, sino que hacemos una labor formadora, donde los valores, la ética, la rigurosidad y el profesionalismo juegan un papel fundamental en cómo los futuros profesionales van a interactuar en su vida laboral.
Como académico, uno debe estar convencido de que su trabajo formador es sumamente relevante, aun cuando las asignaturas que dicte sean un grano de arena dentro de un vasto número de actividades del plan de estudio. La actitud y predisposición que muestra un académico puede ser un importante rol a imitar por sus estudiantes, y en casos positivos, permiten generar un impacto real a largo plazo. Por sobre las materias aprendidas, quedan las personas que inspiran y movilizan.
¿En qué medida las experiencias de aprendizaje han afectado la forma en que enseña?
En mis primeros años de académico apliqué las mismas técnicas que había observado en mi vida de estudiante. Seguramente la gran mayoría de académicos comenzamos nuestra vida laboral haciendo esto mismo. El problema es que la gran parte de las actividades docentes que aprendí de mis profesores poseían grandes falencias, siendo la más relevante su foco: todas estaban centradas en el profesor y no en el estudiante.
Afortunadamente, luego de mis primeros fallidos intentos pude reflexionar sobre mi docencia y los modelos que había adoptado. El centro de asesoramiento académico de mi universidad me hizo notar justamente estas falencias. En los años siguientes implementé distintas técnicas y actividades para fomentar el interés en mis estudiantes, no todas ellas exentas de problemas. Sin embargo, lo más relevante que he aprendido es centrar el foco en los estudiantes.
Aprendizaje como cambio de posición
Aprender es un trabajo que requiere muchísimo esfuerzo, ya que el aprendizaje no ocurre por un mero acto de transmisión de información. Aprender requiere efectuar un cambio de posición. Para que alguien aprenda, debe actuar y prepararse para trabajar con ese objetivo. De esta forma, lo primero es que los estudiantes logren asumir este rol y entender que, mientras no haya un cambio en su actitud y forma de afrontar el conocimiento, no se logrará un aprendizaje duradero.
Mirando en retrospectiva, valoro a los profesores que, por sobre la nota o calificación, buscaban reflexionar sobre el propio aprendizaje y cimentar conocimiento duradero. Por el contrario, las malas experiencias se agrupan en profesores que solo esperaban memorizar definiciones sin una real comprensión de su fondo e implicaciones — un trabajo sin un real compromiso con la formación profesional.
Un principio personal: motivación intrínseca y curiosidad
Sin lugar a dudas, impulsar la motivación intrínseca y la curiosidad en los estudiantes permite movilizar y facilitar el proceso de aprendizaje. Con los años me doy cuenta de que lo menos importante es el contenido de mi materia, y lo más importante es cómo los estudiantes aprenden en forma autónoma. Mi trabajo es guiarlos al aprendizaje, que logren encontrar una actividad que los motive e impulse a salir de la zona de control, buscando nuevos desafíos y retos.
Influencias dominantes: Sir Ken Robinson
La propuesta de Sir Ken Robinson ha sido, sin dudas, una de las más relevantes en mi vida profesional. Hemos sido educados en un sistema donde la creatividad siempre ha sido contenida. Por ello, es muy difícil pedir a jóvenes universitarios — formados para memorizar conceptos — que sean creativos, si nunca fueron entrenados bajo ese paradigma.
La universidad requiere re-entrenar a jóvenes que deben ser creativos para afrontar un mundo con innumerables complejidades, de las cuales ni siquiera podemos imaginar. Es vital preparar profesionales flexibles, capaces de relacionar conceptos complejos y distantes. Fallar en esto implicará una formación deficiente a largo plazo.
¿Cómo afrontamos este desafío? Creo que mucho se basa en el error como medio para aprender. Estamos muy centrados en no equivocarnos; sin embargo, a partir del error podemos explorar nuevos conceptos y nuevas formas de afrontar los problemas. Esto es pensar con creatividad.
¿Cómo ha cambiado mi filosofía de enseñanza?
He transitado desde un aprendizaje centrado en el profesor hacia uno centrado en el estudiante. La evidencia me ha servido para comprobar que el centro de un aprendizaje profundo se basa en lo que el estudiante hace, tanto dentro como fuera de la clase. Para ello es necesario un buen equilibrio entre:
- Trabajo en clases con actividades desafiantes e interesantes.
- Trabajo fuera del aula.
- Medios de evaluación que promuevan esta dinámica de forma positiva.
Promover la creatividad y la reflexión es, sin dudas, una de las tareas más complejas de planificar, y su desarrollo ha sido el norte de mi trabajo como académico.
Plan de crecimiento profesional
Mi plan es continuar perfeccionando mi formación como académico desde el lado pedagógico. La mayoría de los académicos no poseemos una formación pedagógica formal, y el aprendizaje lo hemos realizado a prueba y error. Sin embargo, recordemos que trabajamos con personas que poseen un sinfín de capacidades y personalidades, lo que implica comprender, aceptar y adaptarse a nuevas formas de trabajo.
El primer paso concreto es realizar cursos de certificación pedagógicos, trabajo que vengo desarrollando con los profesores del programa InnovaHiEd (de IGIP).
Esta reflexión responde a preguntas propuestas en el marco del programa de capacitación docente Innova HiEd, iniciativa de IGIP orientada a la formación pedagógica de académicos en ingeniería.
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